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El ruido: riesgo laboral para los maestros |
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-Doraldina Zeledón Ubeda- |
Cada vez que inician las clases, los maestros inician una nueva jornada de exposición a riesgos laborales, debido a la tiza y al ruido, además del subsalario. Con frecuencia se escucha que la tiza es la causa de la pérdida de la voz de maestros y maestras; sin embargo, hay otra causa que se suma para deteriorar la salud de los educadores: el ruido, que afecta no sólo la audición, sino que también repercute en la voz y otras funciones del organismo.
Aunque en Nicaragua no se le preste atención, está demostrado por investigaciones realizadas en otros países, que el ruido afecta la voz de los maestros. Uno de los fenómenos que presenta el ruido es el enmascaramiento; es decir, cuando un sonido alto no permite escuchar uno menos intenso. Y esto sucede en las aulas: el ruido del ambiente o de los mismos alumnos no permite escuchar al maestro y éste tiene que forzar la voz para poder ser escuchado; y al ruido interno del aula o de la escuela, se suma el ruido que llega del exterior.
En Nicaragua hay varias causas para que haya un ambiente ruidoso en las escuelas: la cantidad de alumnos en un aula. No es lo mismo 30 que 50 y hasta 70 estudiantes, y a veces tienen que hablar varios a la vez, especialmente en las clases interactivas, en el trabajo de grupos, que además obliga a mover los pupitres. A esto se suma el ruido de los pasillos. Y muchas veces las canchas deportivas quedan frente a las aulas; además, está la práctica de las bandas musicales y las prácticas de danza, con el ruido de los zapatos y la música a todo volumen para que se pueda escuchar, ante esto el instructor también tiene que gritar.
La construcción de las escuelas debería ser preocupación de las autoridades de educación: muchas veces tienen ventanas que dan a la calle, a veces están muy bajas y no sólo permiten la entrada del ruido, sino que las clases se interrumpen por las personas que transitan y hasta se instalan a conversar frente a los ventanales. En otros casos las aulas no son debidamente cerradas, las divisiones son bajas, de material débil, lo cual permite que el ruido del aula vecina se propague, y resulta que los alumnos que están ubicados al fondo, escuchan más la clase del otro grupo. Esto sucede también en algunas universidades, donde, además, muchas veces los parqueos de vehículos están contiguo a las aulas.
También tiene que ver la ubicación de la escuela o instituto, a veces están a la orilla de avenidas o carreteras con mucho tráfico, otras veces las bahías para las paradas de los buses están frente a la escuela. Y no se diga si están ubicadas en una zona comercial, como los mercados. Capítulo aparte merecen los centros escolares ubicados cerca del aeropuerto.
En las condiciones en que trabaja el magisterio puede parecer utópico pedir que las escuelas tengan ciertas condiciones, como aulas y cielo raso con material absorbente y aislante, pero se podría diseñar las paradas de buses a cierta distancia, o construir las escuelas un poco adentro y no a la orilla de la calle o carretera. También a lo interno se puede hacer una reubicación, de, por ejemplo, las canchas, los locales para prácticas de música, danza y bandas de guerra. Y si ya no se pueden remodelar, se debería tener en cuenta la acústica en el diseño y ubicación de las próximas escuelas e institutos.
Además, se pueden implementar algunas medidas para controlar el ruido, como vallas verdes, y los centros que tiene recursos económicos pueden construir paredes que aíslen la escuela o instituto del ruido ambiental de la zona; por supuesto que hay que tomar en cuenta el clima, no se puede encerrar una centro que no tenga suficiente patio para que haya ventilación. Para la construcción de escuelas hace falta normativas, en las que seguramente tendrían mucho que aportar varios profesionales, como ingenieros civiles, arquitectos, ambientalistas, acústicos y la propia comunidad educativa.
El magisterio debería incluir en sus demandas, mejores condiciones acústicas en las aulas y atención médica especializada, pues el ruido no sólo afecta el oído y la voz, también afecta el sistema nervioso, el sistema circulatorio, el digestivo, causa estrés, afecta el equilibrio. El Código del Trabajo en el Título V- De la higiene y seguridad ocupacional, Art. 100 y siguientes, contempla una serie de normas que se deberían hacer cumplir. Y la Constitución de Nicaragua, en su Art. 82 expresa: "Los trabajadores tienen derecho a condiciones de trabajo que les aseguren en especial:(...) 4- Condiciones de trabajo que les garanticen la integridad física, la salud, la higiene y la disminución de los riesgos profesionales para hacer efectiva la seguridad ocupacional del trabajador.
La responsabilidad no es sólo del Ministerio de Educación, también del Ministerio de Salud, del Instituto de Seguridad Social, del Ministerio de Construcción y Transporte, el Ministerio del Trabajo, las alcaldías, la Procuraduría General de Derechos Humanos. También la comunidad educativa debe preocuparse, comenzando con la educación para un ambiente menos ruidoso.
Pero el cambio tiene que hacerlo el magisterio, no puede sentarse a esperar que las instituciones resuelvan; maestros y maestras deben impulsar el cambio, ser un ejemplo también en la participación para la solución de sus propios problemas. Y los padres de familia, los alumnos, la ciudadanía en general, deben comprender que estos problemas atañen a toda la población, y si no se actúa se estará avalando la inoperancia, negligencia e irresponsabilidad de las autoridades a quienes les compete atender y solucionar la problemática.
Quizás si se hacen cuentas y se ve que el ruido también afecta la economía, debido a los subsidios, compra de medicinas, retraso en el aprendizaje, etc. se le prestaría más atención. Aunque, por supuesto, debería estar la salud y la educación por encima de cualquier cálculo financiero.

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